Suelo ser desconfiado. Por naturaleza, por experiencia, por principio. Seguramente porque yo mismo he incitado furtivamente al engaño de forma ocasional. Del mismo modo, he sido víctima del mismo. He sido engañado, traicionado, abandonado en lo más profundo del olvido y quizás con razón, todo ello ha sido bien merecido, en una especie de ajuste de cuentas que según una rápida interpretación por mi parte asumo como igualada, equitativa. Conozco esa sensación. La he creado, la he sufrido. Algunos la notan a modo de pinchazo agudo, continuo, justo a la altura del pecho, en el centro, por encima del abdomen. Otros la perciben como un incipiente suspense, una situación extrema, delicada, peligrosa, de premonición todavía no consumada, pero que inevitablemente se acabará confirmando.
Esa es la sensación que ahora mismo padezco. En mi caso, una perturbación que contrae los músculos de la espalda subiendo por la espina dorsal hacia el cuello. Ahí se detiene, ejerce su influencia y provoca su daño. El detonante se encuentra en la descarada coreografía que percibo de la vida pública. Una escenografía torpemente ensayada, llena de palabras huecas, mensajes vacíos y declaraciones incoherentes que digerimos frenéticos, casi sin darnos cuenta, puesto que en nuestra mente, en primera línea, se encuentra una actividad mucho más vertiginosa supeditada a la subsistencia y lo cotidiano.
He realizo el experimento, pincho una y otra vez las declaraciones de nuestra clase política y no les encuentro sentido, adolecen de todo lo mencionado con anterioridad. Me dispongo entonces a buscar cordura en el mundo de la cultura y el deporte, lamentablemente comienzo por este último. Mi suerte es macabra, me topo con las declaraciones del actual presidente del Real Madrid sobre algún partido jugado o por jugarse y desisto, en la cultura tal vez encuentre consuelo. Lo intento, doy mi palabra, pero pero no logro identificar a un representante digno de lo que para mí significa esa palabra y dar la orden a mis dedos para que lo escriban en el buscador de YouTube.
Me abandono a mi suerte encontrando algo de refugio en el sillón, y aquí me quedo, padeciendo, sufriendo, sobrellevando, esa extraña sensación de engaño.
miércoles, 4 de marzo de 2009
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